Oasis de Esperanza de Gerson Paredes Coz
Antología de Poesía de Nuevo Pachacutec-Oasis de Esperanza
Literatura Pachacutana por Yerko
Introducción por Carlos Bayona Mejía
Homenaje A Pachacútec por Tania Valencia
El Guardián De La Montaña por Harold Alva
Conquistadores De Arena por Carlos Bayona Mejía
Prolongación Del Misterio Por Carlos Bayona Mejía
Balada De Un Camarero Por Carlos Bayona Mejía
Lluvia De Tortugas por Yerko
Ellos Son Mis Hermanos por Dios Dado
Memoria Del Polvo por Dios Dado
Poema 10 por Clemente Orbegozo “El Gato Rojo”
La Noche De Pachacutec por Manuel Rayme
3 De Febrero por Dioni Toribio Tamayo
Acusados Injustamente
El Extremo Del Gran Círculo por Yerko
Y Este Año También Germinó La Montaña por Moisés Vargas- Machuca Ferreyra
LITERATURA PACHACUTANA
PRESENTACIÓN
Al llegar desde el Oriente con sus guerreros de elite, el inca decidió reposar sobre un gran cerro, al norte de la
ciudad. Mientras observaba el mar, recordaba sus viajes transoceánicos; de pronto, sus vigías anunciaron la llegada de
sanguinarios perseguidores. Encomendó al condor real de la luna, amante del arco iris y el viento, avizorando una lucha
desigual, al ritmo de una música suave y melodiosa, comenzó a entonar la canción de ocultamiento, que es la canción del
sol. El inca y su corte fueron sumidos en un sueño mágico y puestos a buen recaudo, en su lugar quedaron inmensas
formaciones, que confundieron al enemigo. Al costado, casi por el hombro, la cabeza de un enorme simio, quedó en vigilia
hacia el sur.
El rostro del Inca se halla, desde entonces, en contemplación infinita. Los pobladores del lugar relatan que a veces
sonríe y a veces está triste. Progresivamente, dicen, completará su cuerpo entero, aquel día temblará la tierra y se
producirá la gran transformación (Pachakuti).
Al centro de la montaña, tres gigantes leones, un gran macho y dos cachorros, cual dinosaurios, observan el norte. Sobre
estos, se yergue una colosal hormiga. Al lado izquierdo, un buitre espera con paciencia.
Al pie de la montaña, crece la ciudad burbuja cuyos habitantes enrojecen sus almas tratando de sembrar sueños entre
tortugas y gaviotas. Superados los tiempos de barbarie, quedan rezagos de una generación gloriosa, cuya piel nos
corresponde.
Esta es la historia de un pueblo místico que emigró de la ciudad al desierto, del cual fuimos testigos privilegiados.
Sus habitantes tienen rostros labrados por el fuego. Todos nos reconocen por la piel dorada y nuestros calzados de
arena.
¡Abrid camino, que hemos llegado!
Yerko
INTRODUCCIÓN
“ Así hemos de quedar, como un canto celeste
un punto en el infinito, donde el sol y los
astros se han de pasar buscando e
introduciéndose
en los cuerpos de estos juglares”
CBM
Procedían de otras tierras, los acompañaron sus ánimos a cuestas y esa valentía de buscar una sombra. Así entre toda esa
muchedumbre, llegaron individuos pintando sus quehaceres cotidianos, cantantes que refrescaban el alma, poetas
alimentando el espíritu de los pobladores... Es obvio que en nuestro país repentinamente nacen los pueblos, así nacen
también los poetas.
“Al pie de la montaña. Crece la ciudad burbuja, cuyos habitantes enrojecen sus almas” declara Yerko, quien refleja ya un
entorno de lo que será más tarde, pues Yerko, el poeta de la montaña, encuentra los elementos adecuados para un cuadro
poético visionario.
“Quiso Dios crear un imperio/ Partiendo de Villa y acampando en Pachácutec”, dice la poeta Tania Valencia, evocando el
nombre que le sale como una llama y lo arroja hacia el exterior plastificando con sus matices que ella domina. “Yo he
trepado por sus cuerdas/ He contemplado las alas del cóndor,/ el pico,/ las garras,/ la túnica sagrada que protege”,
anuncia Harold Alva-Viale, el poeta visitante con la voz retumbante que hizo prevalecer entre todos nosotros. “Algunos
conquistadores/ de arenas olvidadas/ Me dijeron tener la mirada/ Color del precipicio/ Que fui exactamente/ Ese varón
clamando libertad”, plantea el suscrito con una voz propia sacada de los caminos cuyos pueblos lo alimentan. “Una niña
violeta pasa cantando/ Salvando náufragos de la inocencia/ Abre cartas escondidas en la madre del silencio”, es la voz
de Clemente Orbegozo (“El gato rojo”), quien de una manera estrámbotica, mira el mar, y en ella le asalta el color
interno reverdeciendo su aventura. “Ya no me tienes/ en tus planes/ Déjame escaparme/ con mis versos empacados en papel
periodico”. He aquí, la soltura y sencillez literaria de Sandro Tello, frente a una realidad que se vive en un mundo
compacto. Cabe resaltar, que los cuerpos palpitantes llenan esa magia musical de Manuel Rayme, quien recoge el encargo
del cielo: “La lluvia roja baña las semillas/ Enterrada para los niños descalzos” . Todo se entrelaza a la vida misma
que se vive. De ello habla en su música impecable Dioni Toribio Tamayo (la encantadora de Caujul), recogiendo los
sucesos ocurridos, tal como expresa en la fuga de unos de sus huaynos: “Ahí van nuestros vecinos/ A traer pescado
fresco/ Comeremos sudadito/ cevichito y jalea fresquecitos/ ¡Ay qué rico!”. No cabe duda que en ciudad Pachacútec hay
una riqueza intelectual preponderante que servirá para las generaciones futuras. Aquí debo resaltar que, como salido de
una hoja de la historia peruana, camina por los arenales, un personaje muy conocido entre nosotros, el filósofo bohemio
Moisés Vargas – Machuca que va recogiendo historias para el mañana, igual que recoge especies de la flora de nuestra
gran montaña.
Los que ha diarios vemos estas tierras con ojos de cariño, esperamos cada invierno el repetir anual de la germinación,
cubriendo nuestra erizadas colinas de matices verdes. Vemos también arribar a esta ciudad mística, a nuevos personajes
quizá para siempre; así varó por estos arenales el poeta Dios Dado , clamando “O viento.../ Oh polvo ...// Aquí yaces
todavía/ Con tu cabellera trenzada en las esteras/ Con tus pestañas rizadas en los parques//... Con tu ímpetu de
artista/ Aprendiendo en todos los confines y/ Allende mar y los arrecifes//... Oh polvo memorable//... Aquí yaces
todavía/ Con tu corazón de vereda/ Y tu cántico en el pecho de los hombres.” Se nota pues el inmenso material artístico
existente: esteras, montaña, arenal, vientos de la tarde, etc.
Cuando el sol aparece y los carros como la “41”, la “VC” y la “87” compiten por un pasajero, a eso de las doce del día,
de la ventana surge una sonrisa angelical, ella viene con su mirada tejida de historias poéticas y la sonrisa de carmín
subiendo a la Cabaña del Arte. Bueno es mencionar a una de las musas de Pachacútec, Mariela Quesada, quien al igual que
la poeta Silvia Vidalón “Boca de Uva” se ha ganado el corazón del pueblo, así como se lo ganan aquellos que plasman
pictóricamente la playa “Costa Blanca” y “Lance” con sus caballetes a cuestas para un cuadro universal. Me refiero a
Pedro Bayona Mejía y Amadeo Flores, representantes de la plástica pachacutana y por supuesto, peruana.
Finalmente parafraseando al poeta Ángel Izquierdo Duclós asiduo testigo y admirador de nuestra comuna: “ Cuando me vaya
de este mundo en primavera/ Cuando los árboles se tuteen con el viento/ y los pájaros mis melodías canten/ un punto en
el Océano/ como un barco en el horizonte/ reflejará mi alma. Terminó con nostalgia y anuncio la partida; más el recuerdo
quedará impregnado para siempre.
Evidentemente la historia continua, pues ya están todos los mencionados en este libro, voces que serán más tarde los
representantes en la LITERATURA DE PACHACÚTEC.
Piedra, Sol, Mar y Esteras
Carlos Bayona Mejía.
Partieron de Sucot y acamparon en Etam, que está en la proximidad del desierto. Yavé
iba delante de ellos señalándoles el camino: de día iba en una columna de nube; de noche
en una columna de fuego, iluminándolos para que anduvieran de noche
como de día.
Éxodo 13:21
HOMENAJE A PACHACÚTEC
A Alexandra, mi voz viajera
Quiso Dios crear un gran imperio
Partiendo de Villa y
acampando en Pachacútec
Así comienza nuestra historia
Fundada por personas luchadoras
Así extendimos nuestros dominios
Realizando gran desarrollo
Allí tenemos ya las primeras obras
Así crecerá vuestra gloria
Como crece nuestra sombra
Llegado el medio día.
En los meses de nuestro aniversario
Nuestro natalicio es una bendición
De esperanza para los
Pachacutanos de corazón
En este desierto cultivamos
La esperanza que dormía
Sembrando nuestras raíces
Y cultivando nuestros árboles
Que nos brindarán su sombra
En los meses de nuestro aniversario.
Allí tenemos ya también nuestro mar
Que nos brinda sus ricas playas
En los meses de verano.
Cuando el invierno llega
Despierta la esperanza
Para nuestro cerro gorila
Porque será bañado
Después de una larga espera
Se vestirá de verde y mostrará
La tierra su libertad
Y ensueño diciendo:
¡Viva Pachacútec,
tierra de gran hermandad!.
Tania Valencia. / Sector D

EL GUARDIÁN DE LA MONTAÑA
Nadie intuye que a lo lejos Los hijos del sol Han proclamado su regreso
No eran las orejas de la noche
Los cielos invertidos del santuario;
Allí había algo que encendía
Las calles oscuras de mi lengua,
La tribu estaba lejos
Y lejos los motores que silencian
El aullido de las fieras.
La tribu era un bar,
Una mesa;
Dos copas de baccarat al filo de la angustia,
Un cazador de espejismos
Atrapado en la memoria
Como un poste de concreto que maldice
El trote de los pajáros que oculto.
No era el uniforme de la espuma
El signo de los músculos del alba,
Tampoco la humedad de su cadáver
Los ojos del cuervo que nacía;
Era un ejército celeste,
Un escuadrón de tortugas que en la arena
Había mudado de piel,
De lengua y maleficios;
Un escorpión de fuego inclinado
Expulsaba de la cola
El hígado mortal encadenado.
Allí
Había demasiado.
La carne daba vida a las esteras
Y las esteras se multiplicaron
Con el amor
Y el hambre de otra tribu.
Allí,
Sobre las chozas
Rutilaban los pigmentos de otra sangre;
No era una ilusión óptica:
Era el gigante descubierto,
el protegido de los Apus,
La piedra de antiguos alfabetos.
Yo he trepado por sus cuerdas
He contemplado las alas del cóndor,
El pico,
Las garras,
La túnica sagrada que protege
Al brujo que la tribu ha proclamado
El Guardián de la montaña
Harold Alva – Viale

CONQUISTADORES DE ARENA
Algunos conquistadores
De arenas olvidadas
Me dijeron tener la mirada
Color del precipicio.
Que fui exactamente ese varón
Clamando libertad,
En el celeste atardecer
De la cordura.
Se me acusa de haber robado
El reflejo tierno de una muchacha.
De mostrarle la verdadera historia
Señalarle un sin número de utopías.
De haberle obsequiado
La musicalidad de los violines.
Nunca supe amalgamar mi soledad.
Siempre desperté a los solfeos.
Es evidente, todos saben que llevo
A cuestas mis rebaños.
Renuevo al filo de las estaciones,
Estos sueños ahuecados y sin nombre.
Ahora prosigo,
¡No me tumbo!
Soy y debo ser
Aquel, tocando la puerta
De los pueblos.
Carlos Bayona

PROLONGACIÓN DEL MISTERIO
Porque somos árboles milenarios
En nuestras cabelleras manchadas de estaciones
Llegan pájaros agoreros.
Arrieros buscando el aire y la sombra.
No importa cual sembrador, con qué sombrero
Nos tiraron en dúctiles tierras.
Pero somos al final y al cabo árboles fuertes y profundos.
Nos cortan, nos rebanan las coronas.
Nos vuelven estúpidos a veces
Podándonos el alma; nos quitan nuestra fuente
De vida.
Como siempre somos resistentes
A las mutilaciones.
Crecen crispados dedos,
La libertad ensayando nuevos vientos.
La tierra alimenta nuestras voces.
Nacen embriones vestidos de alegría
Y firmamento.
Pues en nosotros queda
La prolongación del misterio;
la luz y nuestras vidas
Colgándose del tiempo.
Carlos Bayona

BALADA DE UN CAMARERO
No hay mejoras en este pedazo de tierra
Aquí, los peces pirañas
Se ensañan con hierbas que nacen
Una carcajada de mimo
Es suficiente para continuar
En la trama de cirquero.
Todos los floristas han aprendido
A ponerse la camiseta prismática,
Ofreciendo más luz, nuevas páginas
Un correo cibernético.
La tríptica balada, cala
El rojizo corazón de los humanos
¡Vivan las estrellas!
El plato de frijoles,
Las calles con pancartas
El papel cuadrado
Las abstractas semillas.
Nosotros nos quedamos
Tocando campanas
Y no sabemos reclamar a los cristales.
¡Adelante noche!
Relámpagos de universo, retinas
Envainadas en el ropaje.
Aquí la última palabra debe soldarse
con el tiempo.
Carlos Bayona

LLUVIA DE TORTUGAS
A los habitantes de primeras ciudades
Del cielo desposeído
Bajaron tortugas
Con caparazones de esteras
Todas las noches llegaron sin cesar
Y cavaron sus nidos
Del mar a la montaña
Algunas sucumbieron por el fuego
Otras retornaron al océano
Las que sobreviven
Cubren sus heridas con vendaje azul
Los niños de arena
Tienen extraños juguetes
Arrean con palillos grillos arañas
Al interior de las tortugas
(Lejos del bullicio
duerme un alacrán albino)
Así comienza, la nueva historia.
Yerko

ELLOS SON MIS HERMANOS
A los desposeídos
El perro sarmentoso que orina en la esquina de enfrente
El mendigo aquél por quien lloró su madre la pobre loca
El borrachín que entona canciones fieras allá en los bares
El que otea los hostales cabizbajo y sin un céntimo
El que recorre anchas avenidas en busca de trabajo
Y es más ancha su desesperación todavía
El joven de cabellos largos y celestes
El que cayó ayer a un pozo y salió ileso
El que perdió su vida en un billar y la jugó
A ciento y a dos veces
El que ronca boca abajo y no le importa ya el silencio
O si le importa sonríe a mandíbula batiente
Con Francois Villón y con vallejo
El que cita sus versos por teléfono
El que come la ostia de su hambre a duras penas
mojándola en el cáliz de su sed
El que brinda con su amor y su ternura
El que viaja a pie kilómetros de sueños
El que navega hacia ninguna parte porque esa ninguna parte
es la eternidad
El que escribe de sí con su propia sangre hasta su última pena
en el libro blanco de la naturaleza
El que lucha por los demás continuamente sin hastiarse nunca
El que vive al día.
El que muere de luz y de justicia
El fiel enamorado.
El empedernido aventurero
El mochilero misio.
El bacán el chevere el causa
El nadie. El de tan siempre y de tan lejos.
Ellos son mis hermanos.
Dios dado
MEMORIA DEL POLVO
Oh viento...
Oh polvo...
Aquí yaces todavía
Con tu cabellera trenzada en las esteras
Con tus pestañas rizadas en los parques
Con tus ojos hechos de los tréboles
Con tu boca abierta en los buzones
Con tus hombros labrados en los muros
Con tu cuerpo de papeles
Con tus manos prestadas a los pájaros
Con tus pies de liebre y de venado
Con tu belleza de los girasoles
Con tu mugre de los niños desnutridos
Con tu ímpetu de artista
Aprendido en todos los confines y
Allende la mar y los arrecifes.
Oh polvo memorable
Aquí yaces todavía
Con tu corazón de vereda
Y tu cántico en el pecho de los hombres.
Dios Dado
POEMA 10 Una niña violeta pasa cantando Salvando náufragos de la inocencia Abre cartas escondidas en la madre del silencio Lanza besos al viento desde el fuego Acaso tenga un hijo en la arena de sus labios Que tienen miedo de partir Acaso tenga las manos cansadas de primaveras Acaso de otoños con sus ocasos de lana A veces se sienta en las rodillas de las piedras O en la voz del mar O en los ojos de un gorrión O debajo de mis uñas A veces es una suicida de abril en agosto Y se esconde bajo la camisa de mis labios cuaternarios. Clemente Orbegozo “El gato rojo”

LA NOCHE DE PACHACUTEC
Desde el cerro del Inka
Encomendados por el sol
Bajaron los guerreros dorados
Hacia la gran batalla del desierto.
Muchos cayeron sin luchar
Otros se extraviaron con las gaviotas
Los demás combatían sudorosos
Llegaron los refuerzos y arrinconaron
Al ejercito del trueno
La guerra parecía ganada
Los combatientes usaban su inteligencia
Y sus proyectiles de semillas multicolores
Sin embargo un dardo emvenenado
Dañó la espalda del guardián de flores azules
La noche llegó con su cabellera de muerte.
En la última batalla
Los guerreros fueron cayendo
Uno a uno a pesar de los esfuerzos.
La inmolación fue por honor y dignidad
Por la voluntad de nuestro pueblo.
Muchos no retornaron a casa
La PACHAMAMA cubrió su rostro
Con el manto denso de neblina.
La lluvia roja baña las semillas
Enterrada para los niños descalzos.
Manuel Rayme
3 DE FEBRERO
Todos los años el 3 de febrero
Se celebra nuestro aniversario
Nos reunimos los 5 sectores
A celebrar con bombos y platillos.
Nuestros hermanos que dieron el primer paso
Los asesinaron a sangre fría
Gracias a ellos nos reubicaron
En nuestra tierra de pachacútec
Señor presidente de Pachacútec
Sus secretarios que lo conforman
También recordemos a nuestros hermanos
Que dieron su vida por un suelo propio.
Mi pachacútec tierra querida
Separadito por 5 sectores
Ciudad mística del Cerro gorila
Con vista a la playa Costa Blanca
FUGA
Ahí van nuestros vecinos
A traer pescado fresco
Comeremos sudadito
Cevichito y jalea fresquecitos
¡Ay que rico!
Letra y Música
DIONI TORIBIO TAMAYO
La Encantadora de Caujul
DERECHOS RESERVADOS
ACUSADOS INJUSTAMENTE
A las once de la mañana
Prisioneros los tomaron
Acusados por unas personas
Por un crimen que no cometieron
Con qué destino habremos salido
De mi tierra Pachacútec
Para los pobres no hay justicia
Para los corruptos si hay justicia
A la ocho de la noche, prisioneros
Fueron llevados al penal Sarita Colonia
Acusados injustamente
Señalados como asesinos
Ellos fueron noticias
De la prensa y los diarios
Publicados fueron sus rostros
Interrogados sus familiares
FUGA
Ahora quien nos defenderá
Dice Willy Palacios y Jaime Ortiz
Yolanda Suarez, Michel Terrones
José Lescano y Santos Calderon
Letra y Música
DIONI TORIBIO TAMAYO
La Encantadora de Caujul
DERECHOS RESERVADOS
EL EXTREMO DEL GRAN CÍRCULO
(El número que buscaba
y abstrajo sus entrañas
yace entre sueños
la primera clave es la cima
del verbo
hecho carne bajó a la ciudad perdida
fue transformándose en asfalto
espantado, huyó al desierto
hasta llegar a la montaña del gorila
allá doma dinosaurios moteados
y habitan en cuevas,
una de ellas contiene el enigma)

Y ESTE AÑO TAMBIÉN GERMINÓ LA MONTAÑA
Dedico estas líneas hechas con todo lo mejor de mí, a las mujeres, hombres, niños, viejos y jóvenes venidos de los
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confines de mi Perú, que aprendemos a ser concientes de nuestro destino de salir de la pobreza material, que buscan
su
identidad cultural en esta hoy eriaza tierra chala para creaer un fértil mañana de esperanza y solidaridad.
Quienes vemos estas tierras con ojos de cariño, esperamos cada invierno el repetir anual de la germinación cubriendo
nuestras eriazas colinas de matices verdes, cuando se inicia el reinado largo de la Kamanchaka y la garúa, con su
intenso frío acentuado por la humedad. En este hermoso altozano que es Ciudad Pachacútec, elevado a más de 200
metros
sobre el nivel del mar, se da un fenómeno sin igual en los valles del Rimac y el Chillón: el clima de lomas costeras
–
que sólo se repite en Manchay y Lachay- donde llovizna y bruma fecundan nuestras alturas entre las cuales está el
Cerro
Gorila (visto desde el Oeste) o como yo también le llamo: Cerro del Yunga (visto desde el sur)... del inca lo nombra
Yerko.
Desde los iniciales días cuando recién poblamos, quienes viven cerca las lomas, comenzaron a subir extasiados por
entre
esas laderas llenas de plantas silvestres hasta alcanzar las enormes piedras (wankas les llamaban los yungas)
cubiertas
de musgo. Los que habitamos mirando el mar, perplejos ante ese inusual verdor, poco después remontamos las cuestas,
llevando niños a volar cometas, recoger plantas, descubrir las formas de Gorila, el Cóndor, la tortuga, la loba
marina y
tantas más.
Cuando nos contaron sobre el “Recital en la Montaña” realizado por un extraño morador del sector A en Setiembre del
2001
valoramos aún más el significado de estos cerros que obsequian su misterio de mil artistas. Pasaron los meses y ese
vecino organizó otro recital en Abril del 2002; así lo comenzamos a conocer y estimar: era El Guardían de la Montaña
(Yerko en la estela de los poetas).
A partir de allí – contagiados de su empeño- los pachacutanos nos interesamos más por nuestras elevaciones, eriazas
en
verano, verdes en invierno. En toda época del año las caminatas de ascenso jamás cesan y nunca dejamos de
maravillarnos.
Pero siempre surge una pregunta ¿Porqué crece la vegetación? Cuando les contesto “es gracias a la Kamanchaka” se
quedan
intrigados, les reitero “es la Kamanchaka”, esa densa niebla que viene desde la mar empujada por el viento,
fertilizando
nuestro suelo de arena y esperanza.
Garúa y niebla van humedeciendo dormidas semillas. Abundante Kamanchaka, condensación de mar y viento frío viene con
lágrimas espermáticas a seminar la dura arena del cerro pachacutano y su séquito de lomas. El aliento – dicen – de
los
Apus Pariacaca y Huallallo se unió con aguas de la Cochamama originando esa nutriente Kamanchaka, que hace germinar
la
silvestre papa, pequeñita, aparentemente inútil, transformada luego por ancestrales warmis y runas en nuestro más
importante alimento, esparcido ahora en todo el orbe.
Algunos, no sin razón, reniegan que esa humedad causa malestares: tos, estornudos, gripe; pero si bien la bruma trae
frío y enfermedades, tiene su lado bueno: fecunda las sedientas laderas dándoles vida, transformando lo eriazo en
verdor. Personalmente le increpo a la densa niebla el ocultarme la vista de mi añorada Isla San Lorenzo (los
mochicas le
llamaban Sina) y la bahía marinera de mi natal Callao; privándome la visión nocturna del pishco ventanillense de
neón y
las constelaciones que desde mi patio escudriño: orión y la Cruz del Sur. A esa niebla hemanada de impertinente
llovizna
se le culpa de entristecer el ánimo, sin embargo aquel extenso manto de nubes color plomizo que impide el brillo
solar
paradójicamente trae vida. No la juzgen por vuestra melancolía, no busquen en ella la causa de su depresión: Sí, es
contradictoria, trae perjuicio, corroe la madera y la estera, garúa que desfonda y rasga los techos de vendaje azul,
sin
embargo también preña las lomas, rocío que florece jardines y hermosea la montaña. Para nosotros los chalacos, la
Kamanchaka es bivamente, la dicotomía del mundo yunga: tiene algo de positivo y a la vez negativo.
Este año había preocupación, pues anteriormente desde Junio empezaba a verdear, pero llegó Julio y no había señales
de
germinación. Temimos los peor, que la excesiva peregrinación al cerro hubiese matado las semillas. Ya nos dolía su
ausencia cuando por fin aparecieron los diminutos retoños a principios del octavo mes, como un canto poético a
nuestras
tierras para que nunca más volvamos a temer. Reiteremos el compromiso de cuidar nuestro ecosistema que va desde las
lomas hasta las recónditas cuevas de las playas pachacutanas. Preservemos los dones naturales que el altísimo ha
hecho
para nosotros. Ahora podemos decir con alegría: Y ESTE AÑO TAMBIÉN GERMINÓ LA MONTAÑA.
Invierno del 2003
Moisés Vargas- Machuca Ferreyra